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Reportajes - Experimentales
Escrito por Rafael Ángel   
domingo, 09 de agosto de 2009


REALIDAD

 

O

 

 FICCIÓN 


 

                                              por Rafael Ángel Fernández

NOTA PRELIMINAR

El autor, sentimental empedernido desde que fuera concebido, padece una cardiopatía dilatada idiopática; lo que profesionales y demás gente del gremio han denominado idiopática, no es otra cosa que de origen desconocido. En cambio la de este trovador que les canta y/o escribe, dilatada: por el derroche de amor utilizado a lo largo de su vida y de causa bien conocida: querencia desmedida al romanticismo como panacea de todas sus dolencias.

Retomando la seriedad que el tema requiere, es un texto, el que aquí y ahora florece, así estructurado para situar al lector adecuadamente, es decir, en torno a una mesa perdida en el café de la esquina, donde fluyen complicidad, deshago de penas, experiencias, alejadas por completo de cualquier cientifismo... Una situación anímica, distinta e incomparable con ningún otro acontecimiento. La narración parte de una noche radiofónica, a lo largo de la hospitalización del protagonista y de alguna noticia oída, sin reiteración en varias horas, para recuperar los desgarrados acontecimientos que sintió en la situación más difícil de su vida.

 

 LOCOS DE MI INFANCIA

Pandora, y un sin fin de personajes, incluidos los medio tollos (medio locos), es decir, todos aquellos que sin estar locos, no reunían los requisitos del patrón social de la época. Todos ellos recibieron las ayudas pertinentes a su estado, bien en centros especializados: cadelladas (manicomios), o en su domicilio: largos encierros en cuadras y desvanes.

Se les reservó un vocabulario especial:

-    Toyo y medio toyo / loco y medio loco.

-    Púxose toyo / Se ha vuelto loco de forma repentina.

-    Nun se ye nota / Sin aspecto de tal, por su pertenencia a una clase social alta, normalmente.

-    Pasouse de listo/ referido a los de alto coeficiente intelectual también incluidos en este grupo y vocabulario.

Solían tener en común la mochila cargada de traumas infantiles y sexuales, preferentemente, que debían asumir por su mala fortuna. Toda una vida disponía el prójimo para irlos mentalizando… ¡pobres diablos! Es posible que hubiese más callejeros masculinos que femeninos y que las mujeres fuesen las arrieras, que con frecuencia, mayor carga fantástica y de desamor, se atribuía al origen de su estado.

-Salíoye un home / abusaron de ella

-    Tuvo un fiyo de solteira / haber tenido un hijo de soltera era causa suficiente-    Púxose asi nel desarrollo / Sucedió en la adolescencia.

En cambio para el personal masculino, violencia social y el alcohol eran las causas más probables del arranque de su situación, sin olvidar el honor, presente en muchos casos.aras veces alcanzaban la senectud.

Aclaración: Mi único objetivo es impregnar el lienzo de las pinceladas vividas por un niño,  recordadas con especial sentimiento de un adulto y tal vez alteradas por el aliño del tiempo.

 

FRAGMENTOS INTRODUCTORIOS

http://www.isrealli.org/spanish/vida-gay/

INTERNACIONAL. Conmoción en Israel por un ataque mortal contra la comunidad gay.

http://www.isrealli.org/spanish/vida-gay/

Cuando les dije a unos amigos, que visitaría Israel, la respuesta común fue “Ten cuidado, asegúrate de que no te maten”

INTERNACIONAL

Conmoción en Israel por un ataque mortal contra la comunidad gay.

02.08.09 - 20:55.

AGENCIAS.

La comunidad homosexual en Israel ha recibido el apoyo de la clase política y de gran parte de la sociedad… Bajo el lema de 'No tenemos miedo, no nos amilanamos', y la presencia de numerosas banderas del arco iris, símbolo de la lucha por el orgullo gay, los participantes en la concentración han expresado con el silencio su pesar por un suceso que ningún organismo de seguridad pudo prever en la cosmopolita y liberal Tel Aviv.

Dos víctimas mortales.

Poco antes de la medianoche, un hombre encapuchado y vestido de negro irrumpió en un inmueble de la Asociación de Gays y Lesbianas de Tel Aviv y disparó con un arma automática en todas direcciones antes de darse a la fuga…El presidente del Estado, Simón Peres, ha condenado el acto duramente y lo ha calificado de "crimen que una sociedad ilustrada y culta no puede aceptar". En su repulsa, el primer ministro, el conservador Benjamín Netanyahu, ha advertido que "somos un país democrático y tolerante y debemos respetar a cada persona como es”.

 

Lirismo sin luna, inicio de una realidad

Pasaron los días y las noches también, espíritus y baraúndas, ventanas abiertas, espectros cansinos agotaban el sudor de la noche entre existencias, mitos, sacrificios filantrópicos y vanos aquelarres.

Equívoco escenario de metodológicas conductas, percepciones adiestradas, al más puro estilo educativo de Manuel I de Avis (apodado El Afortunado), Rey de Portugal, manantial corpóreo de cristalinas pócimas y disfunciones espirituales.

O del flautista de Hamelín superstición, varias veces mencionada a lo largo de la historia, donde represalias y codicias se mudan para una mayor hostilidad de roedores autoproclamados en poder despótico, documentada por los Hermanos Grimm (Der Rattenfänger von Hameln,).

Era la tercera galería, galería divina de altísimos ancestros de alcanfor, ceras raídas por el carmín, sombras sin luces, luces sin sombras, Iglesia y Estado, lavados de estómago de encefalopatías isquémicas, corazones agotados de amar, inútiles fatigas de ocio con la muerte en las paredes, de las que penden ladrillos, mudéjares, en ocasiones, ¡Ay Alá!, ¡antecedente de saldos arquitectónicos!

Y llegó el día con su oscuridad de calor infernal, dantesca, recuerdos radiofónicos, análisis sintetizador de mecanismos mentales jamás probados, nunca intuidos, en absoluto sentidos.

La transcendencia de acontecimientos noctámbulos se corrobora con la frialdad y lejanía de una realidad que se antoja inexistente. Satisfacción y dolor envueltos en papel de confusión, inicio y final conforme a protocolo de corredor tres estrellas, en régimen de pensión completa. Enfermos de grandeza, grandeza de enfermos ignaros, idos atrapados en su halo, halo caprichoso, surrealismo daliniano decadente con gafas y barretina… genialidad para genios, dolor de doctos lectores, analfabetos putrefactos de morbo inexistente satisfechos del placer científico de la idea ajena, cual precepto des chevalieurs de la table ronde, todos contra uno…

Desde mi ventana la mar no se ve.

EL SOL TAMBIÉN SE NUBLA

Allí, donde Gredos pierde su nombre para convertirse en Museo, caprichos de formas naturales brotan en el horizonte del olimpo, moviendo su cola asnar unas veces, otras, agrietando tragaluces pétreos a hembras ahogadas en su sombra. El gran espectáculo ha comenzado… ¡rodaje, acción!.

Agua desnuda, en primer plano, enreda poros aparentes de un cuerpo inexistente rehogado entre azules de mosaicos. Cielos de tejas azules blanden azules horizontes de visiones azules. Aliento azul entrecortado de manjar azul, recorre venas y nervios azul cefálico de máximas tensiones azules.

Así se escribe la historia de la historia de un tenso aliento incoloro, que se intuye lejano en el tiempo, porque el origen de la trama ha sido olvidado y sus peculiaridades recurrentes, reiteradas con frecuencia.

Unas escaleras, de vuelta al trabajo, la vista nublada amenaza mareo, mareo de estómago vacío, de pecho vacío donde un corazón late, se mueve a ritmo de samba o tal vez de merengue, pasito, pasito. Síndromes vagales, disnemias, ansiedades, cardiopatías, astenias, hipoxemias, luchan denodadamente por ser los protagonistas de la película, de ese rodaje realizado a los pies de la ventana, desde donde se podía vislumbrar la velocidad del viento que mece a los árboles, escuchar atónito música de hojas y contemplar exuberantes sombras de formas variadas, como variados eran los ojos que observan el espectáculo. Un espectáculo de formas y volúmenes naturales, cual ciudad encantada, donde la roca más grande es la catedral de Cuenca y la más chica el cerebro de un amigo decepcionado por su mejor colega. ¿Ilusión? ¿Alucinación? ¿Incomprensión?

Se rasgan los cielos al amanecer. El filo de un rayo corta la naturaleza celestial y descubre objetos, colores, movimientos… que capta el ojo, los ojos, esos luceros que brillan en la noche y cautivan en el día, que  aprehenden al mundo minuto a minuto, semana a semana, mes a mes… y remiten al cerebro toda la información para que la decodifique, o la interprete. Si la interpretación es creativa provoca alucinación, si distorsionadora,  ilusión,  si el estímulo procede de una persona sui generis, no como objeto, nos encontramos ante una incomprensión (concepto creado por el autor para manifestar su situación), es decir, el paso de una ilusión a una alucinación motivada por la intervención de una tercera persona.Apoyándose en este sencillo y didáctico catálogo de irrealidades visuales, producto de la experiencia personal, es la naturaleza, la vegetación lo que juicio del protagonista, se distorsiona o modifica por incomprensión ajena.

 Sobre el tejado rojo desmaquillado por la noche, cae el reflejo de un muro, separador de fincas, proyectando la silueta de una tienda canadiense de camping. En su interior reposan arbustos a modo de descabelladas cabezas. La escena forma parte de un fotograma que bien podría integrarse en el rodaje de cualquier película, donde una acampada fuese el escenario elegido. El relato de este fragmento tiene más morbo para quien lo escucha que la correcta elucidación del mismo, lo que a su vez provoca una nueva distorsión en el receptor del mensaje dialéctico, cuyo desarrollo en progresión geométrica, hasta el primer corte, convierte la narración dramática en un relato de cariz fantasmagórico y exógeno al autor.

A su vez, y para terminar, esta glosa dialéctica excita el estado anímico del emisor induciéndolo a una alteración negativa que de nuevo repercute en el siguiente mensaje, cuyo contenido se va a emitir distorsionado para que su interpretación sea distinta a la anterior, o se aproxime más al mensaje emitido.

 
HABLANDO CONMIGO ME ENCUENTRO MEJOR

El sol se había despojado de sus rayos en la retirada, lento era su caminar hacia los confines de la mar, entre finas hojas de pino y enlutadas rocas, que sosegadas, esperaban a la luna. Los pies desnudos, retozaban entre la divina espuma blanca del sagrado mar Cantábrico a la hora azul del día. En la lontananza, donde las dunas se confunden con el firmamento, un pequeño corpúsculo, con el perfil de mi Ego, venía a mi encuentro. Con la mirada fija e insinuante la sonrisa, nos mecimos en la brisa a lo largo de la bahía. Tras un largo silencio, digo Yo:

-    Fíjate en esa pareja cómo se abandona al amor, al ritmo de las olas, entre suspiros de aliento marino y tenue iluminación solar.

-    Sí, comparto tu acertada descripción.

Mis palabras se ahogaron entre eructos de motos, de las que, en número no superior a la docena, disfrutaban sus dueños, atentos a los melódicos acordes del motor, mientras contemplaban la mar, cerca de la pareja. No adictos a las peluquerías, los moteros tenían por himno continuas carcajadas sin motivo aparente que las provocase.

Los enamorados regresaron impetuosamente de su idilio. Atónitos se vestían a los pies de los motorizados. Él, antes de que ella terminase de recoger sus enseres playeros, se situaba a buen recaudo en lo alto de una duna. Parecía que le extirpaba los números a un móvil sin conseguir sus objetivos.

-    ¿Por qué habrá corrido tanto dejándola a ella sola?, me pregunté.

-    Porque ha sido presa del pánico y éste ha anulado su voluntad, me respondí.

Se hizo el silencio, repicaron las cadenas que inmovilizaban a estos bichos y descendieron al galope hasta la arena, cerca de donde se encontraba la muchacha paralizada, blanca de tez, ojos abiertos y mirada perdida en la naranja mecánica que estaba reviviendo. Mente ausente y cuerpo vacío. Temblaba mientras los protagonistas se desnudaban entre risas histéricas y se dirigían hacia la mar serena. A la misma velocidad que se alejaban, ella se iba despojando de su parálisis hasta encontrarse con su amado.

-    Infundado temor, comenté.

-    Como todos los temores, respondí.

Las frías aguas relajaron el exaltado ánimo de los delfines, mientras la entusiasta pareja dialogaba con los agentes de seguridad.

-    ¿Qué ha pasado?, preguntaron al macho.

-    Han intentado agredirnos y violar a mi mujer. Yo he podido escabullirme, pero mi mujer no y lo ha pasado francamente mal.

-    ¿Y qué les han hecho?

-    Nada, respondió él, pero han estado a punto de hacerlo.

-    De nuevo el agente le comenta: somos responsables de la seguridad de los ciudadanos Señor, pero en las fobias y otras alteraciones mentales, nada podemos hacer.

Y saltando a la arena, se dirige hacia los bañistas a quien les incrimina igualmente y preguntan:

-    ¿Qué hacen aquí?

-    Tras una larga jornada con nuestra querida y nunca bien ponderada moto, hemos llegado a este lugar para participar en una quedada de moteros. Una vez finalizados todos los preparativos hemos decido darnos un baño y aquí estamos, disfrutando con lo que más nos gusta.

-    ¿Qué les han hecho a la pareja que estaba a su lado?

-    Nada en absoluto, daba la impresión de que se iban, tras haber acabado sus quehaceres.

-    Gracias y tengan cuidado con la mar que es muy traicionera.

Y así regresaron por donde habían vuelto sin más comentarios ni interrogatorios.

-    ¿Por qué habrán llamado a la policía?, pregunté a mi Ego.

-    Porque el miedo se apoderó de sus mentes y sintieron en sus propias carnes las escenas de una película que habían visto hace mucho tiempo, cuya similitud han recordado ahora, inducidos por una situación de máxima tensión, me contestó.

-    Pareces muy seguro de tus afirmaciones, le dije.

-    Todos lo hemos vivido en alguna ocasión con mayor o menor intensidad, me replicó.

Y antes de que se coronase la luna como reina de toda la noche, la playa había quedado desértica.
 

EL INFIERNO DE DANTE O LA NOCHE DE AUTOS

El aire escaseaba en mi entorno y eso excitaba a todo el sistema nervioso. No veía en el Hospital el paradigma de la curación, por lo que previamente pude observar frente a la mesa el prototipo de medicina tradicional, muy atento a los cuestiones que de mi se decían y muy diligente para remitirme al servicio de urgencias hospitalarias. Con la obediencia y sumisión que estas circunstancias requieren, observé cómo pasaban los árboles, las calles, los edificios, las gentes en su continuo ir y venir a ninguna parte. El taxi se dirigía al sanatorio. Lo aprehendí todo como si fuese la última vez que lo viese, tenía muy claro el ingreso, pero el alta o salida no entraba dentro de mis planes, ni esperanzas. Comenzaron las pruebas protocolarias, las continuas visitas de médicos, enfermeras, celadores, nada extraño hasta el momento. A última hora del día me comunicaron oficialmente el ingreso, para seguir con sus historias. La decisión aparentemente sorprendió a todos, excepto a mí.

Se abrió la puerta del ascensor en la tercera galería y ante mis ojos fueron desfilando instalaciones demoníacas, alucinaciones, desaparecieron mis coordenadas espacio/temporales, apenas pude reconocer a mis seres queridos, no distinguía la realidad, tendía a pensar que me encontraba en el universo de los muertos, los vivos tenían otra dimensión. Todos estos acontecimientos los fui grabando en la memoria ram, es decir, en un lugar temporal que nunca más volvería a recordar. Casi todo lo que vi estaba relacionado con la muerte, la noche, las tinieblas, la oscuridad. En ese mundo desconcertante, sólo había un elemento que tenía claro: mi estrella polar o la de Belén, no importa, que vi en todo su esplendor y reconocí como tal, que me identificó y me indicó la no pertenencia a esa naturaleza, de ahí, que mi afán, mi único objetivo se convierta en salir de aquel infierno, en regresar al mundo del que procedía. Eso sería mi curación, mi salvación, en aquella situación donde todo me era hostil, donde nadie me comprendía, ni me entendía, tanto en el aspecto fonológico, como morfológico, como léxico. Encontrar la salida en un lugar desconocido, en el que sus habitantes no sólo no me ayudaban sino que me confundían, se convirtió en una misión imposible, pero no por eso dejé en ningún momento de luchar denodadamente por conseguirlo.
Por fin, pude recordar que tuve una pesadilla, contemplar absorto cómo retornaban los árboles a su sitio y las calles y los edificios… las gentes regresaban, de nuevo, al camino que días antes habían abandonado y se dirigían a su destino.

El taxista no tenía prisa, yo tampoco. La libertad requiere su tiempo.

 

ECO DE UN GRITO EN EL INTERIOR DEL POZO

Sin haber salido de la miseria donde había sido introducido, no mucho tiempo ha, con la mente aún de resaca y con el cuerpo frágil propio de quien ha perdido su futuro, la estrella polar de nuevo aparecía radiante ante sus ojos. Recuperaba, con la lentitud propia del que está aprendiendo a vivir, el sabor de insípidos alimentos, el oído de incoherentes argumentos y puntos de vista tan discrecionales como erróneos y aletargados hasta entonces, la visión de rostros inexpresivos a causa de la falta de credibilidad, el tacto cuyo característica era el hormigueo y falta de sensibilidad en los miembros, tanto superiores como inferiores, y por último, el olfato que convertía en inapetente todo lo que con él se tropezaba.

Atado a la mecanización de terapias respiratorias, su nuevo estatus vital era un grito desesperado emitido desde la profundidad de sus entrañas. La confianza en uno mismo era tan necesaria por prescripción facultativa, que a veces le hacía sentirse  responsable de todos los males que le aquejaban, como si fueran el producto de la pérdida de confianza.

A pesar de los nuevos inconvenientes inesperados, la recuperación o tal vez la calidad de la nueva vida que había comenzado era manifiesta, dificultosa y con futuro, aunque éste no fuese superior a un puñado de horas e inexistente hasta el momento.
 

 

 

 

 

 

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